Quiet quitting o ‘renuncia silenciosa’ se ha convertido en una de las expresiones más utilizadas para describir una actitud pasiva frente al trabajo. El fenómeno atañe a personas que no están motivadas ni implicadas y que deliberadamente se limitan a hacer lo estrictamente necesario.

Su principal deseo es establecer límites que no quieren traspasar. Por ejemplo, trabajar más horas que las definidas por su contrato o no respetar la conciliación familiar.

Un trabajo insatisfactorio frena el crecimiento tanto de la persona como de la empresa. Según el ‘State of the Global Workplace: 2022 Report’ de Gallup, solo el 14% de los empleados europeos se siente involucrado en el trabajo, en comparación con el promedio mundial del 21% y el 33% en EE. UU. y Canadá, que por otra parte tampoco son resultados excepcionales. Por otro lado, si el ‘World Happiness Report 2022’, del mismo analista, sitúa en Europa los ocho países del mundo donde las personas se sienten más felices, es lógico pensar entonces que esta felicidad se consigue fuera del trabajo.

El quiet quitting se vincula por tanto a la búsqueda del bienestar y el equilibrio, y al contraste del burnout, en un contexto que remite directamente al sistema de valores que también ha generado la Gran Renuncia. En este caso, sin embargo, se trata de un fenómeno que se percibe como especialmente ligado a las nuevas generaciones, especialmente a la Generación Z.

Un estudio realizado por Randstad en 2022 sobre una muestra de 35.000 personas de entre 18 y 67 años de 34 países, muestra cómo los miembros de la Generación Z y los Millennials anteponen la felicidad a cualquier otra cosa: el 56% dice que dejaría el trabajo si esto le impidiera ‘disfrutar de la vida’. Para los llamados Zoomers, el dinero no es la prioridad, quieren ser considerados como personas en su conjunto y la capacidad de comprender su trayectoria profesional vale más que una nómina.

Esta generación de veinteañeros se aproxima al trabajo de una forma que podría parecer poco ambiciosa y subordinada a una visión que antepone la comodidad al esfuerzo, por lo que mejor ser desempleados que infelices. En realidad, su idea es que es mejor renunciar y buscar otra cosa. El análisis de tendencias de LinkedIn lo confirma, mostrando cómo el 40% de sus usuarios jóvenes cambia su estado laboral en promedio cada cuatro años.

Todo ello ante una demanda cada vez mayor de las habilidades propias de los nativos digitales. Un desajuste que se prevé que aumente en los próximos años, frente a los avances de las nuevas tecnologías y una capacidad o deseo cada vez menor de los jóvenes para satisfacer esta demanda en las condiciones que les impone el mercado.

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